Pospandemia: Agricultura familiar, el camino de la soberanía agroalimentaria

 

Fernando Braganini

“Yo no sé qué tendrán los yuyitos de mi tierra que los pisan los sotretas y ellos mismos se enderezan”/ Atahualpa Yupanqui

El sector de agricultura familiar campesina, representada por las trabajadoras y trabajadores de la tierra,garantizahoy buena parte de los alimentos que se sirven en la mesa de nuestra familia argentina. Sus producciones como ser, verduras, frutas, carnes, leche, miel, yerba mate, etc., se comercializan en el mercado interno y representan el 80% de la producción de alimentos en nuestro país.

La conciencia y pertenencia como sector, lo colocan en una vida sencilla y en sus rostros se dibujan sus pesares y alegrías. De temprano en la mañana, lo sorprenden las heladas del invierno en los surcos de labranza y siembra, o el sol los curten en esas tardes calurosas de veranos… son hombres y mujeres guardianes de las tierra y del monte, son hijos del indio y del gaucho, del inmigrante chacarero que sigue soñando, o de los hermanos latinoamericanos que ofrecen sus brazos y riegan con su sudor la verdura que nos llega a la mesa.

Se encuentran en los cinturones verdes de las grandes ciudades, los pueblos del interior, monte adentro. Muchas veces también en las temporadas de estiba, les toca dejar sus casas y sus familias para ser peón golondrina o cosechero, recorriendo muchos kilómetros dejando familias, amigos, sueños inconclusos, para aportar al “puchero” y “parar la olla” por si la cosa se pone fea.

Ellos no son ajenos a la pandemia, tampoco será la primera y la última. Los tiempos de crisis que se viven dejan ver un mundo convulsionado, donde el aislamiento, las limitaciones, el encierro en nuestros hogares, arrastran a muchos obligadamente al escenario de la virtualidad, donde para desenvolverse en los quehaceres diarios se necesita de internet.

En dialogo con Gabriel Mesa, Doña Eli, la María y el Willy,agricultores familiares de nuestro gran cuyo, el relato es unánime,ven preocupados, a un sector, principalmente el de los “agronegocios” con capacidad de concentrar, especular el precio de los alimentos y someter a nuestra población. “Se van a venir tiempos difíciles donde el hambre va a golpear y los sectores más vulnerables es donde  se va notar y mucho”.

Doña Eli, agricultora familiar de Donovan, San Luis, comenta que “lo nuestro es el día a día, por eso se entiende la solidaridad de éste sector en organizar los programas de alimentos, ofrecer sus productos a bajo costo y sin especulaciones, ser solidario con los trabajadores, desocupados y vecinos porquesomos del mismobarro”, con profunda conciencia de unidad  entre lo rural y lo urbano.

Gabriel Mesa, el Pollito, productor de la agricultura familiar de San Luis, frente a la situación mundial de crisis y agotamiento ambiental, señala firme y convencido que “la necesidad de generar alimentos de modo sustentable, que es lo que venimos haciendo, la mayoría somos productores agroecológicos. Por otro lado, impulsar y respaldar políticas que vayan en contra de la especulación y concentración en la cadena agroalimentaria”, dice convencido de estar en el camino correcto.

Willy Flores, agricultor familiar mendocino, infla el pecho y larga sin titubeos: “Nosotros estamos convencidos, que es el sector de las y los agricultores familiares, campesinas, campesinos, trabajadoras, trabajadores de la tierra una de las claves para dar pelea por nuestra soberanía alimentaria. Somos el sector que sigue en el campo produciendo, tenemos la escala social, no especulamos, producimos respetando y cuidando el medio ambiente”.

“La María” como se la conoce en Valle de Uco a María Estela Ferreira, dice que la Agricultura Familiar y el trabajo organizado desde la solidaridad de los productores como “la única herramienta que hay y que nos ha servido para sostener a los productores”.

Desde antes de la pandemia, la María, es parte de una cooperativa que nuclea a más de 80 familias de productores hortícolas, la solidaridad organizada es una marca a fuego que lleva en la piel “antes por ahí quedaba la papa o el zapallo tirada en el campo, hasta que entendimos la solidaridad.Es muy lindo ver a los jóvenes ser solidarios, conscientes cuando están armando los  bolsones”, concluye.

Por esto necesitamos afrontar los nuevos desafíos, lo vemos como sociedad, como parte de la nueva generación a la cual pertenecemostambién, somos conscientes que el mundo cambió, que la forma de producir cambió, que estamos entrando en una etapa tecnológica, que nos obliga a formarnos y prepararnos. Es fundamental que las zonas rurales tengamos conectividad, desdeconseguir insumos de la siembra, hasta hacer trámites institucionales o gestionar algún documento todo se realiza virtualmente.Nuestros hijos se educan por internet, nos socializamos por internet.

Sin conectividad estamos excluidos,vemos que es importante mejorar y perfeccionar nuestras herramientas de trabajo, sobre todo para garantizar la seguridad del trabajador, su calidad de vida, el cuidado de nuestra producción, conservando nuestro recurso, nuestro suelo, que es el que nos permite producir.

Necesitamos tecnificarnos, hacernos de nuevas herramientas, ésto es vital, no podemos quedarnos afuera, sería una forma indirecta y motivo de expulsión de nuestras tierras y de nuestros trabajos. El Estado debe realizar una planificación estratégica e inmediata de la ruralidad garantizando la inclusión, apostando a las nuevas formas de producir, con la aplicación de tecnologías que favorezcan, que mejoren las condiciones de trabajo de las y los agricultores familiares y las y los campesinos.

En este momento,es de suma necesidad, recursos como el agua potable, electricidad, caminos, etc., como también recursos estructurales pensados para un sistema productivo que nos permita garantizar la seguridad y soberanía alimentarias para nuestro pueblo.

Nosotros como sector hace tiempo venimos trabajando, articulando y participando de foros productivos tanto locales, provinciales, nacionales y hasta regionales. Mucha de nuestra cultura, idiosincrasia, identidad trascienden las fronteras. Nuestros hermanos campesinos con los que compartimos desde siglos el trabajo, provienen de la comunidad boliviana, paraguaya, brasilera, chilena, etc., tanto en provincias limítrofes como del interior. Todos perseguimos las mismas luchas y necesidades. Es por esto que acompañamos y creemos mucho de estos temas que se discuten hoy por hoy en los diferentes espacios de construcción.

Como ser, el de pensar un modelo agroalimentario argentino, latinoamericano que sea productivo y sustentable. La Agricultura Familiar no puede quedar afuera, no debemos permitir que el control absoluto de nuestra soberanía alimentaria quede en manos de unos pocos, que son básicamente los representantes  del excluyente modelo agroexportador.

*Médico Veterinario, investigador del Centro de Estudios Agrarios, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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