Uribe, el retorno del paramilitarismo, el futuro de Duque y Colombia/ O retorno de Uribe (através de Duque) e do paramilitarismo

 

Camilo Rengifo Marín-CLAE|

El expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, sindicado de nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico, afronta un proceso judicial por manipulación y soborno de testigos que está en manos de la Corte Suprema de Justicia CSJ, mientras crece el asesinato de líderes campesinos y populares, y se teme por un recrudecimiento del paramilitarismo y el terror paraestatal..

La citación a indagatoria a Uribe por parte de la CSJ es un hecho judicial y político de gran trascendencia, ya que visibiliza los múltiples casos en que el expresidente, su hermano Santiago y muchos de sus amigos y colaboradores, aparecen relacionados con la conformación y las acciones criminales de grupos paramilitares desde la década de los años 1990.

Crímenes que han recrudecido en las últimas semanas, a escasos días de la asunción presidencial de Iván Duque, un ahijado político de Uribe, con el asesinato de campesinos y líderes y lideresas sociales, hechos que el gobierno se ha abstenido de esclarecer hasta el momento.

Esta situación es consecuencia del fallo en su contra a la denuncia que instauró en esa misma Corte contra el senador del Polo Democrático Iván Cepeda Castro.

El analista Fernando Dorado señala que éste es un acontecimiento que marca la vida política del país porque el ex–presidente notificó su renuncia al Senado “para afrontar con dignidad su defensa” cuando la CSJ ratificó esa decisión. A partir de allí pululan en los medios de comunicación y entre la gente del común las conjeturas sobre el futuro de Uribe, del nuevo gobierno y del país.

Los sectores leales a Uribe, con apoyo de la prensa hegemónica, han cerrado filas detrás de su figura, mientras que para otros es el fin del proyecto político del uribismo-paramilitarismo, que podría hacer fracasar desde el vamos el gobierno de Duque, mientras los institucionalistas confían en que la CSJ, un órgano plural, puede y debe asumir su juzgamiento, garantizando el fortalecimiento del estado de derecho.

El senador Iván Cepeda, del Polo Democrático, afirmó que continuará el proceso sobre los falsos testigos y señaló que Uribe está llevando a cabo una “campaña tenebrosa” contra la Corte Suprema de Justicia, a la que no respeta. Anunció que llevará este caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y que pedirá una visita del relator especial de la Naciones Unidas para la independencia de los jueces y abogados, y constate la “persecución en contra de los magistrados”.

Gustavo Petro, excandidato centroizquierdista a la presidencia afirma que la renuncia presentada por Uribe al Senado es una jugada para evadir la investigación de la Corte Suprema, un intento que ya han hecho muchísimos parlamentarios parapolíticos. Un método de evasión de la justicia que parte del análisis: que jueces y fiscales de menor jerarquía que los que hay en la Corte Suprema son más influenciables y comprables.

“Y así, ese tipo de procesos tan duros como el del vínculo de un gran político entre comillas al narcotráfico y al asesinato logra salir impune, como ha sucedido. Tenemos un 97% por ciento de impunidad en estos casos, del aparato que ha asesinado a centenares de miles de colombianos”, añadió.

Y lo peor, es que hay una parte de la sociedad colombiana, acicateada durante décadas por el ocultamiento de la verdad y las falsas noticias de la prensa hegemónica, cree que eso estuvo bien, que eso es lo que tienen que hacer los gobernantes: “con tal de matar comunistas bienvenido sea que nos gobiernen los narcotraficantes y que rompan los principios básicos del derecho de gentes y de la democracia”.

Según Petro, el Congreso es soberano de aceptar o no renuncias y si éstas son  irrevocables hay un plazo de un mes para que sea aceptada.  El Congreso puede, la pregunta es ¿quiere?, agrega Petro en una entrevista con Semana, donde afirma que la bancada parlamentaria del llamado Centro Democrático se acaba sin Uribe. “Casi podríamos decir que Duque como presidente existe por Uribe”.

Varios analistas señalan, asimismo, que en lugar de defender la institucionalidad (promociona la inocencia de Uribe) irrumpe en las competencias de la Corte Suprema: un jefe de Estado no puede hacer eso a menos que quiera declarar a Colombia una tiranía, que era la sospecha y la denuncia que hicimos en plena campaña electoral cuando como candidato se atrevía a hablar de una reforma a la justicia en pos de supeditarla al Gobierno”, señaló Petro.Resultado de imagen para colombia corte suprema

Siendo diputado, en 2005, denunció a varios dirigentes políticos de ser inspiradores, cómplices o gestores de grupos paramilitares y denunció, entre ellos, al embajador de Colombia en Chile y a un jefe de las Autodefensas detenido en Caracas por planear un atentado contra el presidente Hugo Chávez.

Dos años después denunció al paramilitarismo en Antioquia cuando se divulgó  la foto de Santiago Uribe, hermano de Álvaro, con los narcotraficantes hermanos Ochoa en un grupo paramilitar que se llamaba La Escopeta, y después de Los Erre, en la región de Titiribí, responsables de la masacre de centenares de jóvenes, algunos de ellos estudiantes de la Universidad Nacional de Medellín: tiraban sus cadáveres a una represa llena de cocodrilos para que desaparecieran los restos.

La investigación se la ha encomendado la Corte Suprema de Justicia a la Fiscalía a una sala de interceptaciones legales. Uribe logró tener incidencia en esa sala y destruir parte de las pruebas contra él.

Y ante el hecho y la evidencia constatada por la Corte Suprema de destrucción al interior de la Fiscalía de piezas procesales es que toma la decisión de tener un organismo de interceptaciones diferente bajo sus órdenes. Según investigaciones de prensa, la Fiscalía contó con colaboraciones judiciales de cuerpos de inteligencia, eventualmente el MI-6 británico.

 Nuevas masacres y amenazas

Resultado de imagen para colombia masacre en el catatumboEn la tarde del último lunes un grupo de hombres encapuchados y en motos, arremetieron con armas de fuego contra un grupo de campesinos que se encontraban en un local en el casco urbano del municipio El Tarra. Entre los nueve campesinos asesinados se encontraba el presidente de la Junta de Acción Comunal del kilómetro 84, Frederman Quintero que a su vez era presidente del Comité Veredal de la Asociación Campesina del Catatumbo .

Los pobladores no se explican cómo siendo el Catatumbo una de las regiones que cuenta con más de 15 mil integrantes de la fuerza estatal entre militares y policías, no se hubiese evitado o detenido a los responsables que cometieron la masacre a plena luz del día.

En la ciudad de Florida (Valle del Cauca) el 27 de julio se denunció un panfleto que reitera amenazas – proferidas por paramilitares que dicen pertenecer a las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) – contra 11 líderes y lideresas sociales que integran organizaciones campesinas e indígenas, y contra otros procesos organizativos como Marcha Patriótica y las Zonas de Reserva Campesinas.

La red de medios alternativos y populares denunció que entre los amenazados se encuentra el líder campesino José Otero, y señaló que lo preocupante de estas amenazas es que evidencian un trabajo de inteligencia detallado de las actividades de las lideresas y líderes declarados objetivo militar. Saben, por ejemplo, quiénes han denunciado los hechos en la Fiscalía y Defensoría del Pueblo, y quiénes permanecen o han abandonado sus territorios de origen.

Es claro que el paramilitarismo actúa en Valle y Cauca, y que utiliza nombres fachada como Águilas Negras o Autodefensas Gaitanistas de Colombia, utilizando diversas estructuras armadas para cumplir su cometido, sin que a la fecha el Estado  tome medidas para evitar los cientos de asesinatos contra líderes y lideresas sociales, algo que se agrava por su postura de negar la existencia de la estrategia y política paramilitar en país.

*Economista y docente universitario colombiano, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


EN PORTUGUÉS

O retorno de Uribe (através de Duque) e do paramilitarismo

Por Camilo Rengifo Marín

O ex-presidente e atual senador Álvaro Uribe Vélez, a quem se atribui nexos com grupos paramilitares e com o narcotráfico, enfrenta um processo judicial por manipulação e suborno de testemunhas, que está nas mãos da Corte Suprema de Justiça.

O testemunho de Uribe à Corte é um fato judicial e político de grande transcendência, já que visibiliza os múltiplos casos em que o ex-presidente, seu irmão Santiago e muitos de seus amigos e colaboradores aparecem relacionados com a conformação e as ações criminosas dos grupos paramilitares desde os Anos 90.

Crimes que voltaram ao cotidiano do país nos últimos meses, a poucos dias da posse presidencial de Iván Duque (um afilhado político de Uribe), com assassinatos de camponeses e líderes sociais, fatos que o governo tem evitado esclarecer até o momento.

O analista Fernando Dorado acredita que este é um acontecimento que marca a vida política do país, porque o ex–presidente notificou sua renúncia ao Senado “para poder encarar com dignidade a sua defesa”, assim que a CSJ ratificou essa decisão. A partir daí, pululam nos meios de comunicação e entre a cidadania as especulações sobre o futuro de Uribe, do novo governo e do país.

Os setores leais a Uribe, com o apoio da imprensa hegemônica, se posicionaram disciplinadamente ao seu lado, enquanto outros consideram que esta situação é o início do fim para o uribismo-paramilitarismo, que poderia levar, desde já, ao fracasso do governo de seu pupilo Iván Duque, que sequer assumiu ainda, enquanto os institucionalistas confiam em que a CSJ (um órgão plural) pode e deve assumir o julgamento, garantindo o fortalecimento do Estado de direito.

O autor da denúncia é o senador Iván Cepeda, do Polo Democrático (oposição de centro ao uribismo). Ele afirma que Uribe está impulsando uma “campanha tenebrosa” contra a Corte Suprema, a qual ele não respeita. Anunciou que levará o caso também à Comissão Interamericana de Direitos Humanos, e que pedirá uma visita do relator especial das Nações Unidas para a independência dos juízes e advogados, para que se constate a “perseguição contra os magistrados”.

Gustavo Petro, ex-candidato da centro-esquerda à Presidência afirma que a renúncia apresentada por Uribe ao Senado é uma jogada para evadir a investigação da Corte Suprema, manobra que já foi realizada por muitos outros parlamentares ligados ao paramilitarismo. Esse método de driblar parte da análise de que, ao renunciar aos cargos políticos, os casos saem da CSJ e passam a ser analisados por instâncias menores, onde os juízes e promotores de menor hierarquia são mais influenciáveis e compráveis.

“E assim, processos assim tão duros, como o do vínculo de um grande político com o narcotráfico e os assassinatos políticos consegue ficar impune, que é o que geralmente acontece. Temos um índice de 97% de impunidade nestes casos de assassinatos, de centenas ou talvez milhares de colombianos”, acrescentou.

E o pior é que há uma parte da sociedade colombiana, acostumada durante décadas com o ocultamento da verdade e com as falsas notícias da imprensa hegemônica, acredita que isso está certo, que é o que devem fazer os governantes: “desde que seja para matar comunistas, não importa se quem governa são os narcotraficantes, e que se explodam os princípios básicos dos direitos das pessoas, e a própria democracia”.

Segundo Petro, o Congresso é soberano para aceitar ou não as renúncias, e se estas são irrevogáveis, há um prazo de um mês para que seja aceita. “A pergunta não é se o Congresso pode, e sim se ele quer”, agrega o ex-candidato, numa entrevista onde afirma que a bancada parlamentaria do partido uribista Centro Democrático se desfaz sem Uribe. “Podemos dizer que Duque como presidente só existe por causa de Uribe”.

Vários analistas consideram que a manobra, em vez de defender a institucionalidade, como alega o renunciado senador – que na verdade busca sua absolvição –, atenta contra a autoridade da Corte Suprema. “Um chefe de Estado não pode fazer isso, a menos que queira declarar a Colômbia oficialmente como uma tirania, que era é a denúncia que fizemos em plena campanha eleitoral, quando o seu candidato (Duque) se atrevia a falar de uma `reforma da Justiça´, visando sujeitá-las ao controle do governo”, comentou Petro.

Em 2005, sendo deputado, Petro denunciou vários dirigentes políticos por serem inspiradores, cúmplices ou gestores de grupos paramilitares, e denunciou, entre eles, o embaixador da Colômbia no Chile e um chefe do grupo paramilitar AUC (Autodefesas Unidas da Colômbia), detido em Caracas por planejar um atentado contra o presidente venezuelano Hugo Chávez.

Dois anos depois, denunciou o paramilitarismo no departamento de Antioquia, quando se divulgou a foto de Santiago Uribe, irmão de Álvaro, com os narcotraficantes irmãos Ochoa, pertencentes a um grupo paramilitar que se chamava La Escopeta. Também havia vínculos do irmão de ex-presidentes com o grupo Los Erre, na região de Titiribí, responsáveis pelo massacre de centenas de jovens, alguns deles estudantes da Universidade Nacional de Medellín: seus cadáveres foram jogados numa represa cheia de crocodilos.

A investigação contra o senador foi uma iniciativa da Promotoria Geral apresentada à Corte Suprema de Justiça, a partir de provas reunidas pela Divisão de Interceptações Legais. Usando sua influência política, Uribe conseguiu acesso à sala desse departamento, destruiu parte das provas contra si.

Diante do fato e da evidência constatada pela Corte Suprema da destruição de provas das peças processuais dentro de uma sala da Promotoria Geral, foi tomada a decisão de criar um organismo de interceptação diferente, sob sua tutela. Segundo a imprensa local, a Promotoria agora conta com a colaboração judicial de agentes de inteligência, e eventualmente até do MI-6 britânico.

Novos massacres e ameaças

Na tarde de segunda-feira (30/7), um grupo de motoqueiros com capuz realizou um ataque com armas de fogo contra camponeses que se encontravam em local no centro da cidade de El Tarra. Entre os nove camponeses assassinados estava o presidente da Junta de Ação Comunal do Quilômetro 84, Frederman Quintero, que também comandava a Associação Camponesa da região de Catatumbo.

Os moradores não entendem como é que Catatumbo, uma das regiões que conta com mais de 15 mil integrantes da força estatal, entre militares e policiais, não consegue evitar ou prender os responsáveis por esse massacre, que aconteceu em plena luz do dia.

Na cidade de Florida (Vale do Cauca), em 27 de julho, se denunciou um panfleto que reitera ameaças – proferidas por paramilitares que dizem pertencer ao grupo Autodefesas Gaitanistas da Colômbia (AGC) – contra 11 líderes sociais que integram organizações camponesas e indígenas, e contra outros processos organizativos, como a Marcha Patriótica e as Zonas de Reserva Camponesas.

A Rede de Meios Alternativos e Populares denunciou que entre os ameaçados se encontra o líder camponês José Otero, e afirmou que o preocupante destas ameaças é que evidenciam um trabalho de inteligência detalhado das atividades de suas vítimas. Sabem até mesmo sobre os fatos posteriores aos crimes, como quem denuncia os ataques à Justiça ou à Defensoria do Povo, e quem permanece ou abandona seus territórios de origem depois de fazê-lo.

Está claro que o paramilitarismo atua no Valle do Cauca, e que utiliza nomes de fachada como Águias Negras ou AGC, utilizando as diversas estruturas armadas para seguir com seus propósitos, sem que o Estado tome providências, ao menos até agora, para evitar essas centenas de assassinatos contra líderes sociais, ou ao menos perseguir os responsáveis pelos já cometidos. Algo que se agrava por sua postura de negar a existência da estratégia e política paramilitar no país.

Camilo Rengifo Marín é economista e acadêmico colombiano, investigador do Centro Latino-Americano de Análise Estratégica (CLAE)

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