Sigue vigente la denuncia contra Brasil en el Consejo de DDHH de la ONU/ A denúncia vigente contra o Brasil no Conselho de Direitos Humanos da ONU

Activists of Amnesty International Brazil stage a demonstration both against the 50th anniversary of the coup that led to the 1964-1985 military dictatorship and to celebrate the 29th anniversary of the end of the regime, at Rio Branco avenue in Rio de Janeiro on April 1, 2014. An estimated 400 people died or disappeared under the regime that ruled from March 31, 1964 until March 15, 1985. AFP PHOTO/VANDERLEI ALMEIDA

 

Eduardo Camín-CLAE

 Durante la primera mitad del año, el CETIM (Centro Europa-Tercer Mundo) intervino dos veces en la sesión plenaria del Consejo de los derechos humanos. Una vez sobre las violaciones de los derechos humanos en el Brasil, y la segunda vez, para denunciar la situación en Colombia después que se firmaron los acuerdos de paz.

Dotado del estatus consultivo con la ONU desde 1981, el CETIM tiene la posibilidad de intervenir en el seno de los órganos de protección de los derechos humanos de las Naciones Unidas (Consejo de derechos humanos y sus órganos subsidiarios, y órganos de tratados) para denunciar casos de violaciones de los derechos humanos y presentar propuestas en materia de nuevas normas internacionales. Esas intervenciones pueden tomar la forma de declaraciones orales o de declaraciones escritas (estudios de caso).

 Pasa el tiempo, el eco del mundial de futbol se apaga lentamente, la realidad embarga nuestras conciencias. Mientras tanto el expresidente Lula como tantos otros brasileños se debaten entre injusticias y dudas desde el fondo de una prisión. Pienso, que tal vez esta sea la ética de la democracia de los tiempos modernos que no bien se contempla la suerte de la dignidad humana y los derechos que de ella emanan en el mundo contemporáneo, que parece advertirse una relación inversamente proporcional entre el discurso y la práctica. Mientras más prolifera el primero menos satisfactorio resulta la segunda.

La democracia brasileña del presidente golpista  Michel Temer toma la apariencia de la antigua Atenas. La celebrada democracia ateniense fue una admirable invención para quienes estaban legitimados para participar en sus instituciones y procedimientos: los varones griegos libres. Pero las mujeres, los esclavos y los metecos o extranjeros residentes tuvieron muy pocas razones para considerar que la polis era el fin de la historia.

Los diálogos platónicos refuerzan la idea de que tan solo un sector esclarecido de la población podía y debía intervenir con derecho en los asuntos públicos. Sin embargo, muy pronto los sofistas y retóricos prepararon el terreno para la afirmación de la dignidad atributo esencial de la persona humana.

Cuando se contrastan la teoría, la legislación y la práctica de los derechos humanos, surgen varias cuestiones fronterizas que pueden contribuir al esclarecimiento de las contradicciones y paradojas planteadas aquí. Tales cuestiones resultan de particular interés; la intervención humanitaria y la dialéctica entre deberes y derechos.

Aunque se acepte de buen grado estos dos principios constitucionales del orden internacional que son la soberanía de los Estados y los derechos humanos, hay que admitir que las relaciones entre ellos están lejos de ser pacíficas y que en política de los Estados y de los organismos intergubernamentales, tal como se practica y no como se predica, el primero suele prevalecer sobre el segundo.

No obstante, la 37a sesión del Consejo de los derechos humanos que tuvo lugar del 26 de febrero al 23 de marzo2018. El CETIM, con el apoyo de IADL, TNI, ITUC, Friends of the Earth International y FIAN, hizo una declaración para pedir al gobierno brasileño que respete sus obligaciones internacionales y nacionales revocando todas las leyes que infringen la Constitución, el derecho internacional de los derechos humanos y los derechos fundamentales del pueblo brasileño.Resultado de imagen para brasil derechos humanos

En efecto, desde el golpe de Estado institucional que derrocó a la presidenta Dilma Rousseff en 2016, el gobierno establecido adoptó un modus operandi favorable a las fuerzas conservadoras y neoliberales, abriendola economía a la agenda de las empresas transnacionales, todo esto, en detrimento de los servicios públicos y los sectores más vulnerables de la población.

Este contexto condujo a una situación que afecta a la democracia, con graves retrocesos en la protección de los derechos humanos y que contribuyen a desmantelar los progresos realizados durante las últimas décadas desde el final de la dictadura militar. Poco después de haber tomado el poder interino, Temer cerró el Ministerio de Derechos Humanos, los ministerios de igualdad de las mujeres y de igualdad racial y el Ministerio de Desarrollo Agrario.

El CETIM y sus socios exhortaron a la comunidad internacional y al Consejo de Derechos Humanos de la ONU a que redoblen la supervisión con el fin de prevenir la agravación de esta crisis y de garantizar el retorno a la estabilidad institucional en Brasil, una denuncia aún vigente. A estas acusaciones el gobierno arrogante de Temer hace oídos sordos, perfeccionando los instrumentos de la justicia con procedimientos inquisitivos, crueldad en las penas y horrores en las prisiones.

Pero atención, que muchas veces la injusticia y el abuso de los derechos toman otras formas, plagando de eufemismos el lenguaje jurídico de modo tal que la práctica constituye un buen ejemplo de distorsiones del procedimiento, mientras que los instrumentos jurídicos se perfeccionan ignorando las arbitrariedades que se comenten a su nombre.

La exigencia en la búsqueda de una sociedad más igualitaria y democrática, que erradique los fantasmas del absolutismo y la discriminación, es el desafío que hoy se torna perentorio en el gigante latinoamericano.

*Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


EN PORTUGUÉS

A denúncia vigente contra o Brasil no Conselho de Direitos Humanos da ONU

Por Eduardo Camín

Durante a primeira metade deste ano, o CETIM (Centro Europa-Terceiro Mundo) interveio duas vezes na sessão plenária do Conselho de Direitos Humanos da Organização das Nações Unidas (ONU). Uma vez sobre as violações dos direitos humanos no Brasil, e a segunda para denunciar a situação na Colômbia depois de assinados os acordos de paz.

Desde 1981 o CETIM conta com status consultivo em sua relação com a ONU, o que significa que tem a possibilidade de intervir junto aos órgãos de proteção dos Direitos Humanos das Nações Unidas (Conselho de Direitos Humanos e seus órgãos subsidiários, e órgãos de tratados) para denunciar casos de violações dos Direitos Humanos e apresentar propostas em matéria de novas normas internacionais. Essas intervenções podem tomar a forma de declarações orais ou escritas (estudos de caso).

Passa o tempo, os ecos da Copa do Mundo se apagam lentamente, a realidade embarga nossas consciências. Enquanto isso, o ex-presidente Lula, assim como tantos outros brasileiros, enfrenta a injustiça que mantém preso em Curitiba. Penso, que talvez esta seja a ética da democracia dos tempos modernos, que não necessariamente contempla a dignidade humana e os direitos que dela emanam no mundo contemporâneo, que parece se limitar a uma relação inversamente proporcional entre o discurso e a prática – enquanto mais prolifera o primeiro menos satisfatória é a segunda.

A democracia brasileira, nas mãos do presidente golpista Michel Temer, ganha a aparência da antiga Atenas. A celebrada democracia ateniense foi uma admirável invenção para aqueles que estavam legitimados para participar em suas instituições e procedimentos: os homens gregos livres. Mas as mulheres, os escravos e os forasteiros (imigrantes da época) que lá viviam não tinham razões para considerar que a polis era o fim da história.

Os diálogos platônicos reforçam a ideia de que tão somente um setor esclarecido da população poderia e deveria intervir, como o único a ter direitos sobre os assuntos públicos. Logo, os sofistas e retóricos prepararam o terreno para a afirmação da dignidade, atributo essencial da pessoa humana.

Quando se contrastam a teoria, a legislação e a prática dos direitos humanos, surgem várias questões fronteiriças que podem contribuir para o esclarecimento das contradições e paradoxos aqui planteados. Tais questões são o resultado de um particular interesse: a intervenção humanitária e a dialética entre deveres e direitos.

Embora a soberania dos Estados e os direitos humanos sejam princípios constitucionais da ordem internacional amplamente aceitos de bom grado, deve-se admitir que as relações entre eles estão longe de ser pacíficas, e que, na política dos Estados e dos organismos intergovernamentais – onde o que se pratica nem sempre é o que se predica – o primeiro costuma prevalecer sobre o segundo.

Não obstante, na 37ª sessão do Conselho dos Direitos Humanos, que aconteceu entre os dias 26 de fevereiro e 23 de março de 2018, o CETIM fez uma declaração para pedir que o governo brasileiro respeite suas obrigações internacionais e nacionais, revogando todas as leis que infringem a Constituição, os direitos fundamentais do povo brasileiro e os estatutos sobre os direitos humanos no marco do direito internacional – manifestação que contou com o apoio de outras cinco entidades internacionais que trabalham com a defesa e promoção dos direitos humanos.

Efetivamente, o golpe de Estado institucional que derrubou a presidenta Dilma Rousseff em 2016 estabeleceu um governo que adotou um modus operandi favorável às forças conservadoras e neoliberais, sujeitando a economia à agenda das empresas multinacionais, em detrimento dos direitos das pessoas aos serviços públicos e afetando, assim, os setores mais vulneráveis da população.

Neste contexto, se produziu uma situação que afeta a democracia, com graves retrocessos na proteção dos direitos humanos, e que contribuem a desmantelar os progressos realizados durante as últimas décadas, desde o final da ditadura militar. Pouco depois de haver tomado o poder interino, Temer fechou o Ministério de Direitos Humanos, os ministérios da Igualdade, das Mulheres, da Igualdade Racial e do Desenvolvimento Agrário.

O CETIM e seus sócios exortaram a comunidade internacional e o Conselho de Direitos Humanos da ONU a dobrar a supervisão com fins de prevenção, para tentar evitar o agravamento dessa crise e garantir o retorno da estabilidade institucional no Brasil. Tanto o pedido quanto a denúncia continuam vigentes. Diante dessas acusações, o arrogante governo de Temer finge indiferença e continua aperfeiçoando os instrumentos inquisitivos em seu aparato de justiça – ou seja, maior crueldade nas penas e horrores nas prisões.

Mas atenção, muitas vezes a injustiça e o abuso dos direitos tomam outras formas, enchendo a linguagem jurídica de eufemismos, de tal modo que a prática se constitui em um exemplo das distorções do procedimento, enquanto os instrumentos jurídicos se incrementam, ignorando as arbitrariedades cometidas em seu nome.

A exigência na busca de uma sociedade mais igualitária e democrática, que erradique os fantasmas do absolutismo e da discriminação, é o desafio que se apresenta hoje como decisivo para o futuro do gigante latino-americano.

Eduardo Camín é jornalista, ex-diretor do semanário Siete Sobre Siete, membro da Associação de Correspondentes de Imprensa da ONU, redator-chefe internacional do Hebdolatino e analista associado ao Centro Latino-Americano de Análise Estratégica (CLAE)

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