México: Un izquierdista muy, muy cerca de la presidencia/ Um esquerdista muito, muito próximo à presidência

 

Gerardo Villagrán del Corral- CLAE|

A un mes de las elecciones presidenciales en México, el triunfo del centroizquierdista Andrés Manuel López Obrador (AMLO) parece inevitable, lo que concita la desesperación de los grandes empresarios y los comandos de campaña de Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los candidatos de la derecha.

Todos los cañones del establishment apuntan contra el candidato centroizquierdista, desde el uso de las instituciones (y fondos) del Estado hasta costosas campañas de los principales grupos económicos, chantajeando a sus trabajadores para que no le den el voto a López Obrador.mex amlo anaya meade

Empresas como Herdez, Vasconia y Femsa han invitado a sus trabajadores a razonar el voto y evitar la elección de un gobierno populista. Palacio de Hierro, propiedad de Alberto Baillères, también conminó a sus empleados a no votar por López Obrador, quien pidió públicamente a Germán Larrea, propietario del Grupo México, «que no ande asustando a nadie y que él mismo no tenga miedo» de su triunfo.

«Vamos a triunfar y se van a dar garantías a la inversión. No se afectará a ningún empresario, lo único que queremos es que se acabe la corrupción y el influyentísimo. Lo que buscamos es que el gobierno ya no esté secuestrado por una minoría rapaz», dijo.

El populismo “es como algo que da miedo, no me importa, si bajar los sueldos de los de arriba para aumentar el sueldo de los de abajo es ser populista que me apunten en la lista, no me genera ningún problema”, dijo, tras señalar que sus adversarios le reconocen que es necio y terco, y que ya se le metió en la cabeza terminar con la corrupción: con eso no habrá necesidad incrementar los impuestos, ni endeudar al país, menos que haya gasolinazos, porque se contará con presupuesto, explicó.

«Nada ha dañado más al país que la deshonestidad de los gobernantes. Los políticos corruptos y los traficantes de influencia roban alrededor de 500.000 millones de pesos [26.500 millones de dólares] al año del presupuesto. No hay ninguna banda que robe tanto. Estos que presentan como grandes delincuentes son niños de pecho comparados con los políticos corruptos», enfatizó.

Se espera que en las elecciones (casi generales) del primero de julio participen 60 millones de ciudadanos (10 millones más que en 2012) para elegir no solo al nuevo presidente, sino también otros 3.400 cargos en juego.

Las encuestas más serias muestran una amplia ventaja a AMLO, con el 52% de las intenciones de voto. La última encuesta del diario Reforma, publicada este miércoles, le da una ventaja de 26% frente a su rival más cercano, el derechista Ricardo Anaya, seguido por el oficialista José Antonio Meade, con 19% de apoyo.

Pese al desprestigio por el que atraviesan las encuestas electorales (durante la pasada elección presidencial de 2012 la mayoría difundieron resultados equivocados), analistas aseguran que aunque se tome la que presenta la menor ventaja, la tendencia a favor de López Obrador -en su tercer intento por llegar a la presidencia- ya es irreversible. A menos -señala Luis Navarrete- que se aplique la solución estadounidense: matar al presidente que no siga las instrucciones del poder fáctico.

López Obrador, cuyos porcentajes de intención de voto subieron después del segundo debate presidencial (20 de mayo en Tijuana), es el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por partidos de izquierda y uno de derecha. El actual mandatario Enrique Peña Nieto logró el triunfo en 2012 con el 38,2% de los votos. Su antecesor, Felipe Calderón ganó con 35,3, mientras que Vicente Fox, en el año 2000 obtuvo 42,5%.

Antes de que las previsiones se materialicen, Anaya y Meade no quieren dar su brazo a torcer, en busca de los votos que les pueda permitir a los derechistas Partido Acción Nacional (PAN) y Partido Revolucionario Institucional (PRI) más escaños en el Congreso o una gobernación más.

Tampoco hay dudas en el exterior de su triunfo. El diario británico The Economist dijo que de ganar las elecciones presidenciales, López Obrador sería el único que representaría una ruptura con el pasado.

No más privatizaciones

Imagen relacionadaLópez Obrador se comprometió a que no habrá más privatizaciones en el país y a que la política de desmantelamiento de la infraestructura productiva del Estado, impuesta 36 años atrás, se irá al basurero de la historia, no sin antes advertir que se realizará una auditoría de las concesiones y los contratos de privatización para saber dónde hubo irregularidades.

Lo cierto es que a estas alturas queda muy poco por privatizar, ya que el proceso  inaugurado en el gobierno de Miguel de la Madrid hace 36 años y mantenido hasta ahora, parece haber cerrado tras la llamada  reforma energética de Peña Nieto que entregó la industria energética nacional a las corporaciones trasnacionales.

Según la Secretaría de Hacienda, de las mil 155 entidades paraestatales de la administración pública federal en 1982, apenas quedan 185 -entre ellas los cascarones de Petróleos Mexicanos (Pemex) y Comisión Federal de Electricidad (CFE)– y en su mayoría son parte de la estructura operativa de las dependencias del Ejecutivo.

La privatización arrasó, y en su mayoría las empresas más valiosas y productivas del Estado quedaron en manos de los mismos barones que hoy gritan a los cuatro vientos -y ante la pasividad del Instituto Nacional Electoral- que “ahí viene el ogro” y conminan a sus trabajadores a no votar por el “modelo populista”.

Durante su visita a Ixtepec y Salina Cruz, Oaxaca, AMLO convocó a cuidar los votos porque son ellos muy mañosos. El candidato explicó que el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, es el punto más angosto con 300 kilómetros en línea recta que servirá para unir los países de Asia con la costa este de Estados Unidos.

Anunció que para lograrlo construirá una vía para el ferrocarril de carga de contenedores y se rehabilitarán los dos puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos. “Será una sociedad entre iniciativa privada, inversión pública y sector social de la economía. Vamos a darle atención especial al sureste que se ha quedado en el abandono”, explicó.

Este 2018 va camino de ser el añResultado de imagen para lopez obrador en oaxacao más sangriento de la historia reciente de México, incluso peor que 2017, cuando 29.168 personas fueron asesinadas, según los datos oficiales, lo que significa 80 muertes violentas cada día.

El repunte del número de homicidios es producto de las disputas entre carteles del narcotráfico que controlan regiones del centro y el norte de la república, algunos asociados con militares y fuerzas de seguridad. Entre los estados más azotados por la violencia destacan Baja California, Guerrero, México, Guanajuato, Chihuahua, Veracruz, Jalisco y Michoacán. Las cifras son tan atroces que son comparables con las de un conflicto armado no internacional.

El PRI gobernante y su candidato presidencial resultaron expertos en la criminalización de activistas por los derechos humanos y de luchadores sociales al mantener a más de 650 como prisioneros políticos, mientras a diario son asesinados no solo campesinos, sino también periodistas y candidatos territoriales… pero el Grupo de Lima y la Organización de los Estados Americanos no voltean hacia México.

**Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


EN PORTUGUÉS

Um esquerdista muito, muito próximo à presidência

Por Gerardo Villagrán del Corral

A um mês das eleições presidenciais no México, o triunfo do centro-esquerdista Andrés Manuel López Obrador parece inevitável, o que desperta o desespero dos grandes empresários e dos comandos de campanha dos seus dois principais adversários, Ricardo Anaya e José Antonio Meade, os candidatos da direita.

Todos os canhões do establishment atiram contra o candidato centro-esquerdista, sem contar o uso das instituições (e fundos) do Estado e as caras campanhas dos principais grupos econômicos, chantageando seus trabalhadores para que não votem por López Obrador.

Empresas como Herdez, Vasconia e Femsa realizam jornadas de reflexão para convencer seus trabalhadores a mudar de voto e evitar a vitória de um governo “populista”. Na rede de lojas de departamentos Palacio de Hierro, propriedade de Alberto Baillères, os empregados também são obrigados a passar por dinâmicas onde se conversa semanalmente sobre porque não se deve votar por López Obrador. Em entrevista, o próprio candidato pediu publicamente a Germán Larrea, também empresário e proprietário do Grupo México, “que não tente assustar os eleitores”, além de dizer que ele mesmo não deve ter medo do seu triunfo.

“Vamos triunfar, e o empresariado verá que daremos mais garantias aos investimentos. Nossa política não afetará nenhum empresário, o único que queremos é acabar com a corrupção e o tráfico de influência, que o governo já não esteja sequestrado por uma minoria corrupta”, disse.

O populismo “é como algo dá medo, mas não me importa, se diminuir os lucros dos de cima para aumentar o salário dos de baixo é ser populista, que me coloquem na lista, no me causa nenhum problema”, assegurou, após dizer que seus adversários reclamam que que sua ideia de acabar com a corrupção se baseia só em “teimosia”. Obrador rebateu dizendo que “a luta contra a corrupção é o que garante que não haverá a necessidade de incrementar os impostos, nem endividar o país, porque os recursos que deixaremos de desperdiçar nesses desvios aumentará o nosso orçamento”.

“Nada prejudica mais o país que a desonestidade dos governantes. Os políticos corruptos e os traficantes de influência roubam cerca redor de 500 bilhões de pesos (26,5 bilhões de dólares) por ano do orçamento. Não há nenhum grupo criminoso que roube tanto. Esses que narcotraficantes se apresentam como grandes delinquentes são crianças de colo comparados com os políticos corruptos”, enfatizou.

Se espera que nas eleições de 1º de julho participem ao menos 60 milhões de eleitores – 10 milhões mais que em 2012 – que elegerão não só o novo presidente mas também outros 3,4 mil cargos em disputa, alguns deles regionais.

As pesquisas mais sérias mostram uma amplia vantagem para Obrador, com 52% das intenções de voto, como mostra a última sondagem, do diário Reforma, publicada nesta quarta-feira (30/5). A distância para o seu concorrente mais próximo, o conservador Ricardo Anaya é de 26%, ou seja, Obrador tem o dobro das intenções do segundo colocado. O terceiro é o governista e liberal José Antonio Meade, com 19% de apoio.

Apesar da falta de credibilidade das pesquisas eleitorais no México – durante as últimas eleições presidenciais, em 2012, a maioria mostrou resultados equivocados – analistas consideram que mesmo as que apresentam menor vantagem a favor de López Obrador mostra um resultado quase irreversível para o progressista, e que esta, sua terceira candidatura à Presidência, deve ser a vencida. A não ser que se aplique a máxima estadunidense: jogar no mar o presidente que não siga as instruções do poder fático.

López Obrador, cujas porcentagens de intenção de voto subiram depois do segundo debate presidencial (no dia 20 de maio, em Tijuana), é o candidato da coalizão Juntos Faremos História, integrada por partidos de esquerda e um de direita. O atual mandatário, Enrique Peña Nieto, venceu em 2012 com 38,2% dos votos. Seu antecessor, Felipe Calderón, ganhou com 35,3%, enquanto Vicente Fox, no ano 2000, obteve 42,5%. Recordemos que a eleição mexicana é decidida em turno único.

Antes de que as previsões se materializem, Anaya e Meade não querem dar o braço a torcer, e se esforçam em busca dos votos que possam levar seus respectivos partidos – o Partido da Ação Nacional (PAN), de extrema direita, e o Partido Revolucionário Institucional (PRI), de direita liberal – a conseguir o máximo de vagas possíveis no Congresso, e também alguns governos estaduais.

Fora do México tampouco há dúvidas sobre quem ganhará. O periódico britânico The Economist disse que López Obrador é o único cuja possível vitória nas eleições representa uma verdadeira ruptura com o passado.

Não mais privatizações

López Obrador se comprometeu a não fazer mais privatizações no país, e disse que a política do desmantelamento da infraestrutura produtiva do Estado, imposta há 36 anos atrás, terminará no lixo da história. E não se esqueceu de assegurar que realizará uma auditoria das concessões e dos contratos de privatização, para saber onde houve irregularidades.

É certo que, a esta altura, há muito pouco o que privatizar, já que o processo inaugurado há 36, no governo de Miguel de la Madrid, e mantido até hoje, parece não ter sido encerrado, após a chamada reforma energética de Peña Nieto, que entregou a indústria energética nacional às corporações multinacionais.

Segundo a Secretaria da Fazenda, das mais de mil entidades paraestatais da administração pública federal em 1982, restam apenas 185 – entre elas os esqueletos da Pemex (Petróleos Mexicanos) e da CFE (Comissão Federal de Eletricidade) –, e a maioria são parte da estrutura operativa das dependências do Executivo.

A privatização arrasou as empresas mais valiosas e produtivas do Estado, que terminaram nas mãos dos mesmos barões que hoje gritam aos quatro ventos – e diante da passividade do Instituto Nacional Eleitoral – que “aqui vem o ogro”, para amedrontar seus trabalhadores contra o suposto “modelo populista” de López Obrador.

Durante sua visita às regiões de Ixtepec, Salina Cruz e Oaxaca, Obrador convocou seus militantes a cuidar dos votos e a trabalhar para impedir as manipulações da direita. O candidato explicou que o istmo de Tehuantepec, em Oaxaca, no sul mexicano – o ponto mais delgado do país, com 300 quilômetros em linha reta –, servirá para como corredor para unir os países da Ásia com a costa leste dos Estados Unidos.

Anunciou que, para isso, construirá uma ferrovia para transporte de cargas, unindo os portos de Salina Cruz e Coatzacoalcos. “Será uma sociedade entre a iniciativa privada e o Estado, com investimento público e o apoio do setor social da economia. Vamos dar atenção especial ao sudeste do país, que tem sofrido com o abandono do Estado”, explicou.

Este 2018 caminha para ser o ano mais sangrento da história recente do México, pior até que o terrível 2017, quando mais de 29 mil pessoas foram assassinadas, segundo dados oficiais, o que significa 80 mortes violentas a cada dia.

O aumento do número de homicídios é produto das disputas entre os cartéis do narcotráfico que controlam regiões do centro e do norte do país, alguns dos quais estão associados com militares e forças policiais. Entre os estados mais afetados pela violência se destacam os de Baixa Califórnia, Guerrero, Guanajuato, Chihuahua, Veracruz, Jalisco e Michoacán. As cifras são tão atrozes que se comparam com as de um conflito armado não internacional.

O governista PRI e seu candidato presidencial são especialistas na criminalização de ativistas pelos direitos humanos e lutadores sociais, ao manter mais de 650 como prisioneiros políticos, enquanto são assassinados diariamente não só camponeses como também jornalistas e candidatos regionais. Mas o Grupo de Lima e a Organização dos Estados Americanos (OEA) só têm olhos para a Venezuela, e não se preocupam com a qualidade da democracia e os direitos humanos no México.

Gerardo Villagrán del Corral é antropólogo e economista mexicano, associado ao Centro Latino-Americano de Análise Estratégica (CLAE)
www.estrategia.la

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