Daniel Ortega, el ajuste y una medida innecesaria/ O ajuste e uma medida desnecessária

Gerardo Villagrán- CLAE|

Tras varios días de protestas y violentos choques entre manifestantes y policías, que han dejado un saldo de decenas de muertos, heridos, desaparecidos y detenidos, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, reculó en domingo en su decisión de reducir los montos de las jubilaciones e incrementar las cuotas obreras y patronales al Instituto Nicaragüense del Seguro Social (INSS), pero la protesta no cesó.

Miles de nicaragüenses marcharon pacíficamente el lunes contra el gobierno y en rechazo a la violencia policial. El mandatario nicaragüense siguió bajo presión cuando el Consejo Superior de la Empresa Privada, su aliado en sus últimos 11 años en el poder, mantuvo la convocatoria a la marcha, mientras los estudiantes exigían la renuncia de Ortega, a quien responsabilizan de la muerte de manifestantes.Resultado de imagen para nicaragua

La medida, que había sido adoptada el 16 de abril con el argumento de que era necesario dar estabilidad financiera al sistema de pensiones, provocó el enojo de amplios sectores populares, pero también el de la jerarquía eclesiástica católica –que había sido aliada tradicional de Ortega– y el de las cúpulas empresariales del país e hizo salir a las calles a miles de personas en las principales ciudades.

Ortega descalificó a los manifestantes, a los que comparó con los maras (pandillas que operan en EEUU y países vecinos), y dijo estar dispuesto a dialogar únicamente con los empresarios, quienes declinaron la invitación si el gobierno no detenía la represión.

Ortega ordenó la censura de la televisión independiente que cubría las protestas y el despliegue del Ejército en las localidades más sacudidas por el descontento, y la violencia recrudeció. En la localidad de Bluefields, en la costa atlántica, el periodista Miguel Ángel Gahona fue abatido de un disparo cuando transmitía en vivo una confrontación entre manifestantes y policías, denunció el diario mexicano La Jornada.

El domingo, Ortega dio marcha atrás en el decreto de reforma del INSS, reconoció que no era viable y que había generado una situación dramática, y reiteró su llamado al diálogo a los empresarios, mientras sectores estudiantiles y de jubilados manifestaron su determinación de continuar la lucha hasta lograr la salida de Ortega y de su esposa, Rosario Murillo, quien ostenta los cargos de vicepresidenta y de primera ministra.

Nuevamente una reforma a la seguridad social, aplicando recetas clásicas del FMI -en este caso por un gobierno que se dice revolucionario-, desembocó en estallido social. El intento de Ortega era obtener unos 250 millones de dólares de la disminución de las pensiones y el incremento de las cuotas al seguro social.

Desde sectores de la izquierda se insiste en un paralelismo con lo que sucediera en años anteriores en Venezuela, con guarimbas callejeras que sembraban terror y desestabilización. ¿Es que la derecha planeó las movilizaciones o se montó sobre la marcha y busca aplicar el plan en el contexto de la arremetida continental de las derechas direccionado por un plan desde Washington?

El caso Lula en Brasil, la prisión de Santrich en Colombia, el abandono de Unasur por parte de seis países sudamericanos, parecen ser pasos de un proceso en el que también el gobierno de Nicaragua parece ser un blanco.Resultado de imagen para nicaragua

La Jornada señala que Ortega, antiguo comandante de la guerrilla que en 1979 derrotó la dictadura dinástica de los Somoza y que en la década siguiente encabezó un gobierno comprometido con las transformaciones sociales, hoy gobierna con un marcado patrimonialismo y una visión oligárquica, como formas autoritarias y hasta autocráticas y con una insensibilidad social de la que es ejemplo la actual crisis.

Sus antiguos compañeros de la lucha sandinista señalan que desde hace muchos años Ortega tejió alianzas con el empresariado y los sectores conservadores de la Iglesia católica. Ahora las ha debilitado y el gobernante permanece en una situación difícil y precaria, apoyado en el aparato político y administrativo del sandinismo desnaturalizado..

Fueron varios días de manifestaciones violentas en Nicaragua, con una triste historia de un país ocupado e intervenido por EE.UU. en distintas oportunidades. Los analistas advierten de un intento de cambio de régimen bajo el formato de revolución de colores, socavando la paz interna y fabricando las condiciones para una etapa de acoso geopolítico.

Estudiantes, sectores de clase media, una parte de la Iglesia que los apoya y protege, se movilizaron  con un solo discurso, el derrocamiento de un gobierno elegido popularmente.  Una veintena de sacerdotes, encabezados por el cardenal Leopoldo Brenes y el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, apoyaron públicamente a los que protestan en rechazo a las reformas del Seguro Social.

El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) fue la primera en rechazar los anuncios con l excusa de que generaba “incertidumbre” y limitaba la creación de empleos por parte del sector privado.

En principio moldearon por las redes sociales y los medios hegemónicos de comunicación el sentido político que promovería la agitación, construyendo una narrativa de cohesión ciudadana frente a las reformas, en aparente confrontación con el Estado, razón por la cual tenía un

Los edificios gubernamentales, y en especial las sedes del INSS, se transformaron en los puntos de partida de un violencia callejera en ascenso. La cuenta #SOSINSS, articuladora de las protestas y convocante de primera línea en redes sociales, cambió su orden de prioridad hacia el control y direccionamiento del flujo informativo alrededor de los choques, situando como víctimas a quienes protagonizaban los choques y servir de fuente primaria para la prensa internacional cartelizada.nic daniel ortega rosario murillo

Lo que empezó con algunas manifestaciones dispersas en rechazo a las reformas del INSS, adquirió un modelo de movimiento ciudadano con vocación al choque callejero y la violencia armada, la clásica mutación de las revoluciones de color que EEUU financió en los países del este europeo, en busca de lograr mayores grados de confrontación para debilitar al gobierno y colocarlo a la defensiva.

Nadie duda que detrás de estas movilizaciones para impulsar el cambio de régimen esté la mano de EE.UU. y su finciamiento a ONGs, organizaciones políticas opositoras y fundaciones. Un total de 31 millones de dólares fueron entregados por la Usaid en 2016 bajo la cobertura de “Desarrollar las capacidades para la defensa de la sociedad civil”, título que sirve tanto para promocionar foros y actividades académicas, como para asesorar en cómo enfrentar a las fuerzas de seguridad y desestabilizar el país.

El 16 de abril el portal Nicaleaks le daba rostro, nombre y apellido a los organizaciones financiadas que promovieron la violencia en las calles: “Esta mañana, los dirigentes de las ONG opositoras, como el Cenidh, CPDH, Fundación Violeta Barrios de Chamorro y Hagamos Democracia, entre otros, así como grupos políticos (FAD, MRS, etc,.) y medios de comunicación como la misma Prensa y Confidencial, amanecieron con los brazos y bolsillos abiertos en espera que la USAID siga destinando dinero para eternizar el estatus de vida que llevan”.

*Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)


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O ajuste e uma medida desnecessária

Gerardo Villagrán del Corral

Após vários dias de protestos e violentos choques entre manifestantes e policiais, que deixaram um saldo de dezenas de mortos, feridos, desaparecidos e detidos, o presidente da Nicarágua, Daniel Ortega, recuou em sua decisão de reduzir os valores das aposentadorias e incrementar as quotas a pagar por parte de trabalhadores e patrões ao Instituto Nicaraguense de Seguro Social (INSS), mas os protestos não pararam.

Nesta segunda-feira (23/4), milhares de nicaraguenses marcharam pacificamente contra o governo e contra a violência policial. O mandatário nicaraguense seguiu sob pressão quando o Conselho Superior da Empresa Privada, seu aliado nos últimos 11 anos, manteve a convocação à marcha, enquanto os estudantes exigiam a renúncia de Ortega, quem eles responsabilizam pela morte de manifestantes.

A medida, que foi adoptada no dia 16 de abril com o argumento de que era necessário dar estabilidade financeira ao sistema de pensões, provocou a ira de muitos setores populares, mas também na hierarquia católica (outra aliada tradicional de Ortega) e das cúpulas empresariais do país, e levou milhares de pessoas às ruas nas principais cidades.

Ortega desqualificou os manifestantes comparando-os com os maras (gangues de atuam no sul dos Estados Unidos e em países vizinhos), e disse estar disposto a dialogar unicamente com os empresários, que rechaçaram o convite se o governo não parasse antes com a repressão.

Por sua parte, Ortega ordenou a censura da televisão independente que cobria os protestos e a instalação do Exército nas localidades mais desestabilizadas, e isso levou a um aumento da violência. Na região de Bluefields, na costa caribenha, o jornalista Miguel Ángel Gahona foi morto com um disparo quando transmitia ao vivo uma confrontação entre manifestantes e policiais, segundo denunciou o diário mexicano La Jornada.

No domingo (22/4), Ortega suspendeu o decreto de reforma do INSS, reconheceu que não era viável e que havia gerado uma situação dramática, reiterando seu chamado ao diálogo aos empresários, enquanto setores estudantis e de aposentados manifestaram sua determinação de continuar a luta, agora até conseguir saída de Ortega e de sua esposa, Rosario Murillo, que ostenta os cargos de vice-presidenta e de primeira-ministra.

Novamente, uma reforma à previdência social, aplicando receitas clássicas do FMI (fundo Monetário Internacional), neste caso por um governo que se diz revolucionário-, desembocou num caos social. A tentativa do governo era obter cerca de 250 milhões de dólares em diminuição com a reforma.

Desde os setores da esquerda há um paralelismo com o que aconteceu em anos anteriores, na Venezuela, com barricadas e desestabilização. A questão mais debatida no país hoje é se a direita planejou as mobilizações ou se fez o se tenta aplicar o plano no contexto do avanço continental das forças de direita, direcionado por um projeto dirigido por Washington.

O caso de Lula no Brasil, a prisão de Santrich na Colômbia, o abandono da Unasul por parte de seis países sul-americanos, parecem ser passos de um processo no qual o governo da Nicarágua também parece ser um alvo.

Segundo o diário La Jornada, Ortega é um antigo comandante da guerrilha sandinista que derrotou a ditadura dos Somoza, e que depois participou dos governos que impulsaram transformações sociais no país, mas que hoje governa com um marcado patrimonialismo e uma visão oligárquica, como formas autoritárias e até autocráticas, além de falta de sensibilidade social.

Seus antigos companheiros de lucha sandinista reclamam que o presidente teceu alianças com o empresariado e os setores conservadores da Igreja Católica. Agora, essas relações estão quebradas e o governante se encontra numa situação política precária, apoiado apenas no aparato político e administrativo de um sandinismo desnaturalizado.

Foram vários dias de manifestações violentas na Nicarágua, país que já possui um triste histórico de ocupação e intervenção por parte dos Estados Unidos, em diferentes oportunidades. Os analistas advertem sobre uma tentativa de golpe contra o governo disfarçado de revolução colorida, atentando contra a paz interna e fabricando as condições para uma etapa de acosso geopolítico.

Estudantes, setores de classe média e uma parte da Igreja se mobilizam com um só discurso: a derrubada de um governo eleito popularmente. Dezenas de sacerdotes, encabeçados pelo cardeal Leopoldo Brenes e o bispo auxiliar de Managua, monsenhor Silvio Báez, apoiaram publicamente os protestos contra as reformas do INSS.

O Conselho Superior da Empresa Privada (COSEP) foi a primeira em rejeitar os anúncios com a desculpa de que gerava “incertezas” e limitava a criação de empregos por parte do setor privado.

No começo, moldaram o sentido político que promoveu a agitação através das redes sociais e dos meios hegemônicos de comunicação, construindo uma narrativa de coesão cidadã diante das reformas, em aparente confrontação com o Estado.

Os edifícios governamentais, e em especial as sedes do INSS, se transformaram nos pontos de partida de uma violência crescente. A hashtag #SOSINSS, articuladora dos protestos nas redes sociais, mudou sua ordem de prioridade para o controle e direcionamento do fluxo informativo ao redor dos acontecimentos, situando como vítimas aqueles que provocavam os distúrbios, servindo-os como fonte primária da imprensa internacional cartelizada.

O que começou com algumas manifestações dispersas em rejeição às reformas do INSS adquiriu um modelo de movimento cidadão com vocação de destruição urbana e violência armada, a clássica mutação das revoluções coloridas que os Estados Unidos financiou em países do Leste Europeu, em busca de maiores graus de confrontação para debilitar governos e colocá-los na defensiva.

Ninguém duvida que por trás destas mobilizações para impulsar a mudança de regime está a mão dos Estados Unidos e seu afã por financiar ONGs, organizações políticas opositoras e fundações. Um total de 31 milhões de dólares foram entregues pela USAID em 2016, com a justificativa de “promover as capacidades para a defesa das sociedades civis”, o que, na prática, significa patrocinar foros e atividades acadêmicas para assessorar grupos dispostos a enfrentar as forças de segurança e desestabilizar o país.

No dia 16 de abril, o portal NicaLeaks dava rosto, nome e sobrenome às organizações financiadas que promoveram a violência nas ruas: “nesta manhã, os dirigentes das ONG opositoras Cenidh, CPDH, Fundação Violeta Chamorro e Façamos Democracia, entre outras, assim como grupos políticos diversos e representantes de importantes meios de comunicação nicaraguenses amanheceram com os braços e os bolsos abertos, na espera de que a USAID siga destinando dinheiro para eternizar o estilo de vida que levam”.

Gerardo Villagrán del Corral é antropólogo e economista mexicano, associado ao Centro Latino-Americano de Análise Estratégica (CLAE)

 

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