INFORME/Una Alianza del Pacífico para contener el movimiento político, económico e integrador de la región.

 

alianza del pacifico pres16Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)| La Alianza del Pacífico (AP) representa las diferentes visiones comercial, geopolítica e ideológica del Pacífico y del Atlántico. Después del Consenso de Washington, de la imposibilidad de concretar el Área de libre Comercio Hemisférica (ALCA) y de los Tratados de Libre Comercio (TLC) se consolidó la AP entre Colombia, Perú, Chile y México, que prevé la liberación de aranceles, inversiones, flujo de bienes, servicios y personas con el objetivo de acercarse al continente asiático.

Beatriz Miranda, subdirectora académica del Instituto Brasil Colombia, señala que si las bases militares y los TLC abrieron paso para la presencia de Estados Unidos en América Latina, se podría pensar que la Alianza del Pacífico intenta dejar atrás las experiencias de integración regional de las últimas décadas, como Mercosur, Unasur, Celac, Alba y sus derivados.

Pero, a pesar de la compleja coyuntura de los países del Mercosur, este bloque sigue siendo la quinta economía del mundo; abarca, aproximadamente, 72% del territorio de América del Sur (12,8 millones de km², equivalente a tres veces al área de la Unión Europea); 70% de la población suramericana (275 millones de habitantes) y el 77% del PIB sudamericano y se espera la adhesión de Bolivia y Ecuador. En términos geopolíticos, añade, la adhesión de Venezuela representó la posibilidad de una mayor inserción de Brasil en los Andes y en el Caribe, y el acceso de Venezuela al Atlántico Sur.

Sin dudas, la Alianza del Pacífico tiene un papel de contención del movimiento político y económico regional. Después de la derrota de Estados Unidos en Medio Oriente y de la creciente influencia de China, Suramérica se convierte en un nuevo campo de batalla debido a sus recursos naturales, especialmente el agua de los 1,2 millones de kilómetros cuadrados del Acuífero Guaraní y sus atractivos mercados.

Si es real que los acuerdos comerciales actuales sustituyen a los anteriores pactos de seguridad, como lo predica la Ley de Comercio de Estados Unidos de 2002, se puede entender que la Alianza no escrita del Pacífico busca fracturar al Mercosur.

Y, pese a los ampliamente difundidos indicadores macroeconómicos de la Alianza del Pacífico, Chiapas sigue como símbolo de un país que entró a la OCDE sin cambiar las variables estructurales del México profundo. Chile, que ingresó a ese selecto grupo debido al “éxito” de su modelo económico, ha privado a las nuevas generaciones del acceso legítimo y libre a la educación y desconoce sus minorías étnicas.

Es importante recordar que tanto el Plan Colombia como la Iniciativa Mérida abrieron un nuevo ciclo de intervenciones en América Latina, justificadas por el combate contra el narcotráfico. La Alianza del Pacífico se sostiene en pactos políticos, militares y económicos tácitos no divulgados, insiste Miranda. Pareciera ser que la región una vez más será atraída por el canto de sirena que intenta “resucitar” el ALCA, dar paso a la Alianza Transpacífico y al TLC Estados Unidos-Unión Europea, fortalecido ahora con el retiro del Reino Unido.

La Alianza del Pacífico nació tarde como reacción política. Apoyada, cómo no, por Estados Unidos y sus conglomerados empresariales y financieros, es la última y chirriante vuelta de tuerca a la globalización de los mercados, proceso que hoy cae por su propio peso de desigualdades, explotación y exclusiones.

La integración de los mercados, tanto globales como regionales derivó en un proyecto para favorecer a la punta de la pirámide de la riqueza mundial a costa de la miseria social, ambiental y económica de las grandes mayorías. Los nocivos efectos en México del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o el rechazo de las clases trabajadoras británicas a continuar en la Unión Europea parecen ser  una clara señal del agotamiento de este proyecto de las corporaciones por adueñarse de los mercados mundiales.

Objetivos y modelos

Desde su propia presentación institucional, los países que integran la AP se ven a sí mismos como un bloque regional joven, superador de otras experiencias previas o contemporáneas, con un gran potencial de cara al futuro inmediato y –en uno de los puntos en los que más insisten sus interlocutores– por fuera de cualquier disputa de tipo político/ideológica, en un discurso que tácitamente busca tomar distancia de iniciativas como Mercosur, Alba o Unasur.

“Es un proceso de integración abierto y no excluyente, constituido por países con visiones afines de desarrollo y promotores del libre comercio como impulsor del crecimiento”, destaca la AP entre los elementos que integran su “valor estratégico”[1]. También se autodefine como “una iniciativa dinámica y con alto potencial y proyección de negocios, cuyas economías en su conjunto ocupan el octavo sitio a nivel mundial”, que “se orienta hacia la modernidad, el pragmatismo y la voluntad política para establecer una iniciativa que enfrente los retos que el entorno económico internacional requiere”, con la mira puesta en ofrecer “ventajas competitivas para los negocios internacionales, con una clara orientación a la región Asia-Pacífico”.

En cuanto a los objetivos declarados de la AP, figuran construir un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas;  impulsar un mayor crecimiento, desarrollo y competitividad de las economías (…) con miras a lograr mayor bienestar, la superación de la desigualdad socioeconómica y la inclusión social de sus habitantes; y convertirse en una plataforma de articulación política, de integración económica y comercial, y de proyección al mundo, con especial énfasis en el Asia Pacífico.

Aseguran que por el tipo de productos que exportan –entre los que listan combustibles, productos mineros, agrícolas y manufacturas– su oferta resulta complementaria con los mercados de Asia Pacífico”. En lo referente al intercambio de capitales financieros, el organismo impulsa con fuerza el Mercado Integrado Latinoamericano (Mila), compuesto por las bolsas de valores de Chile, Colombia, Perú y México.

En Comercio e Integración, pretende regular disposiciones relacionadas con la liberalización arancelaria, reglas de origen, obstáculos técnicos al comercio, medidas sanitarias y fitosanitarias, así como facilitación del comercio y cooperación aduanera.

En las Compras Públicas, el fin es establecer compromisos a todo nivel del gobierno para el acceso a los mercados de comparas estatales, permitiendo a los gobiernos obtener beneficios en términos de calidad y precio. Sobre Servicios y Capitales,  propone normas claras, previsibles y seguridad jurídica, para promover el comercio de servicios y la inversión.

Siguiendo los dictados neoliberales, el bloque también apunta a profundizar los compromisos ya adquiridos en el área de propiedad intelectual (lo que le ha valido la protesta de empresarios nacionales); promover la libre circulación de personas; alcanzar una coherencia regulatoria para mejorar la competencia económica y el ambiente de negocios; y desarrollar mejores prácticas comunes en materia tributaria y fiscal.

Otra estrategia de la Alianza fue la creación de espacios para que empresarios y emprendedores participen de la mencionada “integración profunda. En 2012 nació el Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico (Ceap), encabezado por referentes de los sectores de la industria, el comercio y los servicios de cada uno de los países miembros, quienes mantienen reuniones periódicas y publican documentos con recomendaciones.

La AP  se concibe como un mecanismo de integración más allá de lo comercial, pero también busca la articulación política, económica y de cooperación, entendida como el “intercambio de experiencias, buenas prácticas y la transferencia de conocimiento entre los cuatro países, en temas del interés común”.

Los países de la AP se presentan a sí mismos como atractivos en materia de inversión externa, hablan de ofrecer al capital internacional “una estructura institucional democrática, sólida, con mandatarios elegidos periódicamente, mercados dinámicos y globalizados y condiciones favorables para la inversión. Destacan de forma reiterada que sus economías en su conjunto ocupan el octavo sitio a nivel mundial, que conforman la séptima potencia exportadora a nivel mundial, que su PBI acumulado significa el 36% del total de América Latina y el Caribe, que concentra 50% del comercio total y atrae el 41% de los flujos de inversión extranjera directa que llegan a la región. En cuanto al escaso 4% que el comercio entre los países miembros representa con respecto a sus exportaciones, es traducido por la AP como la base para “un alto potencial de crecimiento”.

Otro dato subrayado por la organización tiene que ver con los acuerdos comerciales ya alcanzados por cada uno de los estados de la AP: Chile, 22 TLC con 60 países; Colombia, 15 con 62 países; México, 19 con 52 países; y Perú, 17 con 50 países. Claro, como fuente para las anteriores variables, la Alianza remite al FMI, la OMC y el Banco Mundial.

*Investigación del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE-FILA), Montevideo, julio 2016.

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